A propósito del Seminario «El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista»


Me di a la tarea de descargar todos los audios del Seminario «El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista», que se llevó a cabo en Chiapas durante la primera semana de mayo, de 2015. La finalidad era elaborar una reflexión al respecto, pues desde mi punto de vista, este semillero debe regarse para que dé frutos; es decir, que no bastaba con haber escuchado todas las ponencias, también era necesario digerirlas y compartir lo que nos habían detonado, revelado o ayudado a entender. O sea, completar el proceso que nos auxilie en la comprensión de aquello a lo que nos enfrentamos al hablar de «hidra capitalista», para saber cómo podemos destruirla.

Debido a la rutina de la ciudad me fue imposible dedicarme días completos, exclusivamente, a escuchar dichos audios. Por esta razón decidí oírlos de poco en poco. En concreto, los ponía durante mis trayectos en el transporte público o caminatas. Así pasó más de un mes y ahora, por fin, puedo compartir lo que pienso después de eso. 


Discursos que confunden

Algunas de las cosas que se dijeron ya las había pensado e incluso escrito http://antesdelpuntofinal-clayaz.blogspot.mx/2012/09/el-siguiente-paso-movimientos-y.html Otras no me habían pasado por la mente; como por ejemplo, replantear el concepto de «democracia». Esta necesidad que incluso puede parecer obvia para entender mejor nuestra realidad y evitar confusiones en el discurso, la vi sólo hasta que Jorge Alonso habló de ella en el semillero.

El término que propone Jorge Alonso para diferenciar entre la democracia practicada arriba y la de abajo es «demoeleuteria». Es decir, un proceso de emancipación, desde abajo, que implica ensayos de autonomía con la finalidad de erosionar el capitalismo. A su vez, a él también le fue revelada esta necesidad a partir del curso «la libertad, según los zapatistas», impartido en la escuelita. Entonces, como se puede ver, estos ejercicios de compartición, análisis, reflexiones o como se les quiera llamar, pasan de persona en persona detonando pensamientos o imágenes de la realidad política, económica y social del país, ayudando mejor a su comprensión. Curiosamente Carlos Aguirre Rojas planteó algo similar al decir que debemos preguntarnos ¿cómo plantearse frente al poder?; esto es, redefinir el concepto de «democracia» y también de «poder».  

En su perspectiva y balance frente a la Hidra, muchos de los ponentes coincidieron en que «¡está cabrón!»... jajaja, no es cierto... bueno, sí es verdad, pero es un juicio muy general... Muchos también repitieron que «el capitalismo está en crisis», aunque  yo no alcanzo a entender porqué. Incluso, cuando John Holloway dijo que «nosotros somos la crisis del capital, nuestra falta de subordinación, nuestra dignidad, nuestra humanidad» está afirmando que nosotros somos, hacemos y fortalecemos el capitalismo; del mismo modo en que podemos evitarlo. 

En otras palabras, la idea central es que el enemigo no es el capitalismo en sí, el enemigo somos nosotros mismos y nuestra capacidad para reproducir el pensamiento y las prácticas capitalistas http://antesdelpuntofinal-clayaz.blogspot.mx/2015/06/votar-anular-el-voto-o-no-votar-esa-no.html


Por eso es absurdo, por ejemplo, demandar que EPN renuncie a su cargo, pues al hacerlo no va a cambiar nada... bueno sí, podemos estar peor. El punto es que no se debe cambiar a la persona en sí, sino a las relaciones y ejercicio de poder, a la estructura. La misma lógica opera cuando decimos que debemos destruir el capitalismo porque nosotros somos quienes lo mantenemos vivo, y si nosotros no destruimos primero el discurso y practicas que lo mantienen vigente, de nada va a servir erradicarlo si tarde o temprano volveremos a reproducirlo.

Entonces, frente a la pregunta hecha en el semillero, respecto a saber qué y dónde debemos golpear para destruir al capitalismo, la respuesta que yo encuentro es: golpearnos a nosotros mismos, destruirnos, revolucionarnos para poder revolucionar nuestra realidad. Es por eso que el capitalismo, al igual que la hidra, tiene la capacidad de regenerarse si cortamos alguna de sus cabezas, porque la cabeza principal somos nosotros, nuestra forma de pensar, nuestro modo de actuar; es decir, ser individualistas, buscar el bien particular, homogeneizar, descalificar lo diferente, estar desorganizados, entre otros que se les ocurran.

Lo mismo ocurre con EPN, ¿de qué va a servir que se vaya y llegue otro que, incluso, aparente ser mejor opción sólo por manejar un discurso de izquierda, como hacen los gobiernos progresistas? Evo, Maduro, Mujica, Dilma, AMLO; todos ellos son incluso más peligrosos justamente porque, al calificarse de «izquierdas», se apropian de un discurso que, al confundir a la gente, lo único que logrará es desaparecer la línea que divide a la izquierda de la derecha. 

Esto lo explicó Raúl Zibechi  y agregó que los gobiernos progresistas tenían la costumbre de apoyar a un grupo de militantes y luego hacer lo mismo con otro grupo, para enfrentarlos entre sí. Y si a esto le sumamos la adopción del discurso de izquierda mencionado, el resultado será el desgarramiento y destrucción del tejido comunitario y de lucha. Por eso, dice Zibechi, «no podemos transformar el capitalismo sin transformarnos nosotros mismos». 


Hay que desaprender lo aprendido

Para desaprender lo aprendido no es necesario manejar un discurso revolucionario, ni ser líder o protagonista, e imagen de un grupo o movimiento social, pues sólo basta con ser consecuentes en la cotidianidad. 

Vilma Almendra lo plantea con otras palabras; ella dice «armonizar palabra y acción»; es decir, «palabrandar»; caminar la palabra y el pensamiento en una acción permanente desde la cotidianidad y vida diaria. O sea, liberar espacios donde no entren discursos, pensamientos o acciones capitalistas, lo cual se complica si tomamos en cuenta que muchos de ellos son imperceptibles y, por lo mismo, los pasamos por alto y los seguimos reproduciendo. 

Un ejemplo de este pensamiento y actuar es el racismo cordial del que habló María Eugenia Sánchez, producto de una ideología mestizante, a través de la cuál se ha implementado una desindealización forzada. En otras palabras, son cachetadas con guante blanco, como por ejemplo: «es morenita, pero buena gente» o «es morenito, pero muy listo». Seguramente muchos de nosotros hemos sido racistas cordiales sin darnos cuenta, o hemos hecho otras cosas sin saber que eso fortalece la ideología capitalista. De ahí la complejidad del asunto: debemos hacerlo consciente para después erradicarlo, por eso no es fácil.

Además, a esto debemos agregar que, según Javier Hernández, el individuo está fraccionado en el humano indivisible y en un dispositivo ideológico; éste último a causa del capitalismo. Entonces, el individualismo está siendo reforzado por el capitalismo y, como dijo Alicia Castellanos, se están perdiendo valores como la solidaridad y la comunidad; donde se construye la amenaza del otro para legitimar las prácticas violentas contra el pueblo y, a cambio, se está generando una identificación con el dominante.

Por eso es importante volver a la idea del ser consecuentes y honestos en la cotidianidad, para liberar los espacios en los que nos desenvolvemos y lucharlos para mantenerlos así, libres del discurso dominante y actuar capitalista. A diario tenemos muchas oportunidades para lograrlo, pero no las percibimos; ya sea porque, de por sí, las tenemos tan interiorizadas que no las vemos, o porque actuamos maquinalmente, sin ser conscientes de nuestros actos y enfocándonos en otras formas de destruir ese capitalismo.

Según lo veo, y como mencionó John Holloway, así podremos decirle al capitalismo: «Chao capital, ya vete, vamos a crear otras maneras de vivir, otras maneras de relacionarnos entre nosotros y también con las formas no humanas de vida, maneras de vivir que no están determinadas por el dinero y la búsqueda de la ganancia, sino por nuestras propias decisiones colectivas».


El capitalismo no sólo es económico

En su ponencia, Sergio Tischler decía que el capital no sólo es economía, sino todo, incluyendo el Estado, la alimentación, la ciencia... por eso las ponencias estuvieron encaminadas a estas áreas también. 

Por ejemplo, respecto a la ciencia, Rubén Trejo mencionó que el capitalismo no produce conocimientos, pues en vez de eso se apropia del que producen otros. O sea que al bien común lo convierten en propiedad privada. Esto es, patentan conocimientos financiados con fondos públicos y después las usan empresas que lo convierten en mercancía. 

Si aplicamos este ejemplo a la lucha cotidiana de la que hablé en unos párrafos más arriba, tendríamos a científicos que, diariamente, construirían las condiciones para evitar que el conocimiento se convierta en mercancía y en vez de beneficiar a las empresas, sea usado para los pueblos. Bueno, en realidad es una batalla compleja y desgastante. Influyen muchos factores e intereses, incluso los de los propios científicos, pero mientras no cambiemos nosotros, nuestras condiciones no van a cambiar. 

Ahora bien, en el caso del capitalismo operando como Estado, Gilberto López Rivas habló de un terrorismo terrorismo global de Estado, a través del cual hay una especie de imperialismo entre la ONU y los gobiernos democráticos para alinear a los países como México en un proyecto internacional. Es decir, que aquí ya se está hablando de dos frentes, dos escenarios o dos campos de batalla, uno es local y otro global. Y justamente, pretender destruir al capitalismo implica que debemos pelear, paralelamente, en estos dos frentes. En el momento en que la soberanía nacional está sometida al servicio de corporaciones ya hay un terrorismo de Estado o un Estado trasnacionalizado a través del cual México forma parte de ese proyecto internacional.

A sabiendas de esto, agregaría yo, debemos preparar las condiciones para que podamos decidir bajo qué sistema regirnos y no seamos víctimas de sanciones económicas por parte de los países que aún se asuman como capitalistas, como han hecho con Cuba, por mencionar un ejemplo. 

Bueno, lo ideal es que, para cuando esto suceda, ya no exista el capitalismo en ningún país del mundo, pero lo cierto es que cada uno irá definiendo su rumbo (con base en sus tiempos y condiciones). Incluso es posible que existan diferencias de estructura y organización entre cada uno, pues parte del problema es la homogenización en la forma de gobernar (democracias representativas que se eligen por un proceso electoral o, en otras palabras, imposición).

Así pues, retomando la propuesta de Jorge Alonso, mejor conocida como «demoeleuteria» o «la democracia de abajo»; es posible que dicho término tome tantos matices y variantes como países y pueblos haya en cada uno. Incluso, el comandante Moisés hizo alusión a esto al mencionar que se deben construir formas diferentes según las necesidades de cada pueblos, no uno homogéneo para todos. Las experiencias zapatistas que relató dan cuenta de ello. No sé si deban existir muchos Estados en un mismo país, lo que sí sé es que Havin Günesser tiene razón al decir que no debemos construir una alternativa de Estado, sino una alternativa al Estado. 

Para hacerlo debemos empezar por preguntarnos lo que planteó Marcos Roitman; es decir, ¿cómo organizarse? y ¿para qué organizarse? 























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