Sobre la mutilación de un ser humano

Nunca me ha gustado ponerme etiquetas y menos las de «feminista» y similares. No obstante, soy muy sensible frente a temas de equidad de género y hoy no fue la excepción.

Por segunda vez comprobé cómo la educación maternal le ha chingado la vida a las mujeres. Es decir, cómo a través de todo un proceso familiar, mediático, religioso o de cualquier institución las mujeres llegan a un proceso de sus vidas en el que se olvidan de sí mismas para vivir por y para otras personas (hijos, pareja, padres, etc.).

Antes no lo había hecho consciente, pero hoy me duele ver cómo las mujeres sufren en silencio porque tuvieron que renunciar a sus deseos (personales, profesionales, etc.) para dedicarse al cuidado de los hijos o, en el caso de las mujeres solteras, al cuidado de los padres ancianos y desvalidos que ya no son independientes y necesitan que alguien los cuide, cual bebés, para sobrevivir.

Me duele porque, además de tratarse de mujeres muy cercanas a mí, me resulta inimaginable concebir cómo fue posible que lograran soportar tanta frustración y sacrificio. ¿Cómo lidiar con semejante peso? ¿Cómo llenar el vacío que deja renunciar a los deseos y pasiones que se disfrutan en la vida y, en vez de eso, dedicarse a cuidar a un ser querido que depende de ellas?

Por supuesto que, en estas circunstancias, suena lógico ver cómo llega un punto en la vida de esas mujeres donde, al no estar completas por ese vacío que nunca llenaron,  se derrumben y se entren en depresión, frustración e insatisfacción alarmante. 

Es muy injusto inculcarle a una mujer que debe hacer semejante sacrificio (renunciar a sus sueños y olvidarse de sí misma porque el hacer lo contrario significa que su papel de madre o hija, según sea el caso, no es bueno ni generoso, sino egoísta). En otras palabras, es injusto pedirle a un ser humano que se auto mutile de esa forma.

Quizá para cuando aquella mujer se dé cuenta del error y note la imperceptible, no así menos importante, auto mutilación, ya sea demasiado tarde, pues como dicen «es más fácil aprender algo que desaprenderlo» y vivir tantos años dominada por un pensamiento que mata a las personas en vida complica la liberación de dicha ideología. Quizá si no pasara tanto tiempo..., pero no sólo estamos hablando de años, sino de generaciones de mujeres que crecieron, vivieron y viven mutiladas. La generación de mi mamá y sus hermanas (mis tías), de mi abuela, y si nos vamos más para atrás se pone más cabrón el asunto. 

No sé. En este momento tengo tantos pensamientos al respecto que me es imposible ordenarlos para transmitir fielmente lo que pienso y, ¿por qué no?, lo que siento.

No es fácil aceptar aquello que le han hecho a innumerables generaciones de «mujeres ejemplares, pero infelices». Tampoco me atrevo a asegurar que las nuevas generaciones son menos propensas a esta ideología y aunque lo fueran, seguro el convertirse en madres les generará cierto grado de vulnerabilidad. Ése amor tan puro y maravilloso entre madres e hijas, o hijos, ha permitido semejante crimen contra un sector social que, ya de por sí, ha atravesado por un proceso doloroso para ser reconocido y respetado socialmente.

No es agradable ver que una conciencia se asume como tal e intenta discretamente liberarse o, simplemente, se resigna a la frustración. Y cuando escribo «no es agradable» me refiero a que no tendría porqué suceder si, desde el principio, no formaramos mujeres mutiladas.

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