<<¿En qué se parece el fútbol a Dios?
En la devoción que le tienen muchos creyentes
y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales>>.
Eduardo Galeano.
La imagen que acompaña este texto es muy ilustrativa respecto a la discusión en redes sociales, sobre el dilema entre ver el mundial o estar al pendiente de las reformas enTelecomunicaciones y energética.
No soy fan del fútbol soccer, pero tampoco me parece muy
acertado menospreciar a sus seguidores sólo porque las televisoras, las grandes
marcas y los organismos internacionales -como FIFA y ésos- han convertido y
usado este deporte para sacar provecho, ya sea enajenando o lucrando a través
de él.
El problema no es el deporte en sí -el fútbol sólo es el
medio-, el verdadero problema es la finalidad que se busca a través de la
masificación de éste. Si el box o la natación -por mencionar algunos ejemplos-, causaran
el mismo nivel de fanatismo y enriquecimiento que el fútbol, seguramente todos culparían
al deporte en cuestión por la <<pendejez>> nacional, de la misma forma como hacen
con el soccer. Entonces el problema seguiría siendo el mismo, únicamente
cambiaría el nombre del deporte.
Tampoco estoy en contra de que hagamos visible, entre los
seguidores del soccer, las repercusiones de su enajenamiento futbolero,
simplemente pienso que no lo vamos a conseguir tratando al aficionado como <<ser inferior>>
e <<irracional>>; sobre todo porque ninguno de nosotros
tiene la calidad moral para desacreditar una preferencia que, como muchas
otras, anteponen el instinto por encima de la razón. Todos, sin excepción,
tenemos inclinaciones o debilidades que nos convierten, o nos han convertido en
algún momento, en seres irracionales, pero pasan inadvertidas –incluso a
nuestros propios ojos- por el simple hecho de que no son masivas y no están
asociadas a la <<pendejez>>, como el soccer; finalmente, este tipo
de actitudes son parte de lo que nos hace humanos, imperfectos e
inconsecuentes.
Si me lo preguntan. Bueno, de hecho yo me lo he preguntado,
honestamente no tengo idea de qué podemos hacer para que a este país se lo deje
de cargar la chingada, pero estoy segura que no hacemos mucho si nos la pasamos
criticando o desaprobando al otro. Lo
único que conseguimos con esa actitud es que los <<aficionados
del soccer>> se pongan a la
defensiva cuando lo que deberíamos hacer es que tomen conciencia de lo que
implica su fanatismo en exceso –sin agredirlos- y ya de ellos dependerá si son
cómplices o hacen algo al respecto, sin dejar de disfrutar el deporte que les
gusta.
Esto es, quizá, lo que realmente molesta; es decir, la falta
de consecuencia con uno mismo y la pereza intelectual, que tienen los que repudian al soccer, para poder identificar el verdadero problema que,
repito, no es el deporte en sí, sino la industria y las <<malas intenciones>> que lo
rodean.
Definitivamente, no somos mejores personas sólo por no
gustar del fútbol. El mundo no va a cambiar si nos dedicamos a reprobar un
deporte o a cuestionar la capacidad intelectual de los aficionados del mismo.
Incluso sería más productivo señalar los crímenes que se han cometido en nombre
del fútbol soccer y, con ello, señalar también a quienes los han consumado, o
los siguen ejecutando, pero eso ya es otro tema.

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