El siguiente paso (movimientos y protestas sociales)

"Nosotros deberíamos estar ahí", dijo una compañera del trabajo mientras se escuchaban las consignas de la gente que en ese momento pasaba marchando contra la reforma laboral. Minutos después llegó mi hora de salida. Lo que me encontré al cruzar la puerta fue asombroso. Inmediatamente se me enchinó la piel de la emoción. Pude sentir el coraje de las personas que iban gritando consignas y confieso que me dieron ganas de llorar más de una vez.  

-"¡El pueblo consciente se une al contingente!", gritaban... y pues me uní. Caminé con ellos y ahí permanecí. A su lado. Atraída como por un imán hasta llegar al zócalo. Yo no tenía planeado quedarme; sin embargo, ante la emoción decidí hacerlo. 

Hacía varios años que no estaba dentro de una marcha y formar parte de ésta me hizo sentir viva, pero no duró mucho porque, en un ejercicio de reflexión inmediato, me sentí miserable. Me di cuenta que los últimos años de mi vida han sido consumidos dentro de una oficina (odio esa palabra) y aunque no valga la pena, sigo trabajando ahí. Fue incómodo reconocerme como uno de tantos "Godinez", apáticos y zombies. Haber perdido la capacidad de indignación y sensibilidad social también es un mecanismo de control Estatal. Lo supe siempre, pero lo entendí en aquel momento. Además, cuando me cuestioné sobre el valor de esa manifestación, me bombardearon pensamientos reflexivos que también me desanimaron y deseo compartir:

1. El discurso político que se usa sigue siendo panfletario y hasta obsoleto. Todos los oradores hablan de lo que "se debe hacer". Frases como: "¡Vamos a impedir que se apruebe la reforma laboral!", "¡Hay que organizarnos!", "¡Luchemos hasta las últimas consecuencias!" o "¡El capitalismo fomenta la sobre explotación de los trabajadores!", entre otras que no proponen nada, únicamente repiten teoría política y señalan lo que la mayoría de los simpatizantes de izquierda sabemos. Todos se refieren al "¿Qué?", pero ninguno plantea el "¿Cómo?". Entonces, mientras no exista un plan de lucha no habrá modo de llegar a la victoria. Tenemos más de un siglo estancados, sabiendo que debemos luchar, pero no hemos conseguido nada. Los discursos no deberían ser decorativos, ni evidentes, ni protocolarios, sino propositivos.

2. Las acciones. ¿Qué se ha conseguido con las marchas, los plantones y los mítines? Obviamente son espacios de expresión importantes, pero ¿bastará con eso? ¿Será suficiente pronunciar públicamente una postura para lograr cambios y conseguir objetivos? Nunca lograremos nada si seguimos recurriendo a recursos improvisados, y menos cuando  éstos son los mismos de siempre. NO TENEMOS CAPACIDAD DE RESPUESTA, o más bien,   la única que usamos es la de la protesta social (marchas, mítines, plantones, bloqueos, caravanas, etc.) ¿Qué hizo el movimiento "Yo soy 132"? - Marchas. ¿Qué está haciendo el movimiento de Javier Sicilia? - Caravanas. ¿Y qué se está proponiendo para evitar la Reforma laboral? - Mmh... ¿marchas? Sé que no es fácil elaborar un plan de acción (sobre todo porque no depende de una persona, sino de miles... quizá millones) y organizar algo de esas dimensiones ya se ha intentando en otras ocasiones (incluso los zapatistas lo hicieron en 2006, con "La otra campaña"), pero aún falta madurar como actores sociales para plantear acciones de lucha que no sean pasivas y respondan adecuadamente a nuestra realidad política-social.

3. La organización. Muchos piensan que mientras más elevado sea el número de participantes en un movimiento social existen más posibilidades de triunfo porque su lógica es muy simple: "si somos muchos vamos a ejercer más presión y de este modo conseguiremos nuestros objetivos". Sin embargo, ser mayoría frente al enemigo también puede ser una debilidad, sobre todo porque la organización y estructura de un movimiento social se complejizan en términos de masas o dimensiones de esta naturaleza. De entrada, establecer un diálogo y llegar a cualquier resolución les llevaría días, en el mejor de los casos. Hablar de organización en estos términos va más allá de acordar la hora y el lugar de donde saldrá una marcha. Mientras no se entienda ésto el "ser muchos" seguirá siendo nuestra debilidad, cuando debería ser nuestra fortaleza.

4. El grado de compromiso. En mi etapa de activista pude darme cuenta que el compromiso con nuestros ideales es un factor decisivo dentro de un movimiento social, pues representa un indicador de "¿hasta dónde somos capaces de llegar para conseguir la victoria?" Para ponerlo en términos sencillos citaré el ejemplo de la marcha contra la reforma laboral, donde sólo había sindicatos, pero ¿por qué? O más bien la cuestión debería ser: ¿por qué no estábamos participando todos los trabajadores si al final de cuentas a todos nos va a perjudicar y, por lo mismo, a todos nos debería interesar que no se apruebe dicha reforma? Puede parecer absurdo, pero lo anterior es una muestra de que no estamos tan comprometidos con una lucha que debería ser nuestra y esto, al final de cuentas, es un mecanismo de control Estatal. De hecho, la supervivencia de cada persona, al depender del aparato Estatal, ya es en sí mismo un mecanismo de control. Volviendo al caso de la marcha contra la reforma laboral, ni siquiera puedo afirmar que sea legítimo el activismo de las personas que participaron ese día, pues más de la mitad se retiró antes de concluir el mitin (independientemente de que no valga la pena haberse quedado a escuchar discursos políticos protocolarios-panfletarios que no planteaban ninguna acción). Además, nunca faltan los acarreados que sólo van a pasar lista con su sindicato. Ahora, si esto ocurre a nivel de protesta social (marchas, mítines, caravanas, etc.), ¿qué pasará a nivel de movimiento social? En estos casos el nivel de compromiso suele ser pasajero, regularmente dura en la época de estudiante y termina cuando las personas se esclavizan en un empleo. Entonces, si no hay compromiso con la causa por la que se lucha; es decir, si son otros los intereses que nos llevan a participar en estos actos, la posibilidad de triunfo será casi nula.

5. Mecanismos de control estatales. La diferencia entre un militar federal y un guerrillero es que el primero lucha a cambio de dinero y el segundo lo hace por un ideal. Por tal motivo, el soldado es más propenso a traicionar y a venderse, mientras que el guerrillero, a diferencia del otro, está dispuesto a morir por defender lo que piensa. Esto, aplicado a los ciudadanos comunes y corrientes, funciona de manera similar porque en la vida diaria nos comportamos como soldados, no como guerrilleros; es decir, renunciamos a nuestros ideales y a nuestra dignidad, lamiendo güevos, a cambio de dinero o de un sueldo. Y si no somos capaces de ser consecuentes en lo que pensamos y en nuestro actuar, ¿cómo pretendemos que alguien más lo sea? Lamentablemente nuestra realidad económica nos obliga a cumplir en un trabajo para poder garantizarnos lo básico y así sobrevivir. Entonces, en el momento en que nuestra prioridad es sobrevivir nos convertimos en sujetos vulnerables a obedecer y a caer en los mecanismos de control implementados por el Estado, con lo cual se ha quebrado cualquier intento de rebelión. Mientras los ideales no sean el motor de nuestra lucha, la causa por la que peleamos no saldrá victoriosa porque la cambiaremos por cualquier cosa que nos ofrezcan. Esta situación es la que se ha chingado a los movimientos sociales en gestación, como a los de Luz y Fuerza que hubieran ganado si sus compañeros no se hubieran vendido con las liquidaciones que les ofreció el gobierno a cambio de abandonar el movimiento. Por eso, mientras los activistas no tengan claro que los ideales no se traicionan sino que se consiguen, el gobierno va a continuar rompiendo cualquier intento de rebelión a través de sus mecanismos de control en cualquiera de sus presentaciones (su favorita es la Guerra de baja intensidad y psicológica).

Aún me faltan elementos que incluir, como los medios de comunicación alternativa y la forma en que la participación oportunista de algún partido político de "izquierda" perjudica el rumbo de cualquier lucha. De hecho, cada uno de los puntos anteriores merece una investigación aparte. Yo sólo los mencioné como producto de las reflexiones que hice, las cuáles son importantes a pesar de ser muy generales. 

Antes de concluir deseo reiterar el estancamiento actual en los movimientos sociales, tanto en el discurso como en las acciones, a fin de que sirvan como punto de partida que nos permitan valorar (a quienes nos interesa el tema) qué posibilidades y recursos tenemos para dar el siguiente paso.

Es evidente que los movimientos sociales necesitan madurar, sobre todo en la organización de sus miembros. Esto les permitirá una capacidad de respuesta inmediata y efectiva. No podemos pasarnos toda la vida reaccionando con marchas y protestas similares cada que sucede algo inesperado e injusto. Es importante expresarse, pero ¿qué hay más allá de la protesta social? Justamente, en la realidad política-social en la que estamos ya no es suficiente con la protesta (¿en algún momento lo fue?). Nuestra participación política como individuos, o como movimiento social, no termina en la expresión, esto sólo es el inicio. Debemos actuar y madurar como actores sociales. Ése es el desafío. Falta ver si tenemos la capacidad.






Comentarios

  1. Tus palabras están impregnadas de certeza, hay objetividad en tus pensamientos. Hace poco analizaba con una amiga algo parecido y no tan bien estructurado. Sin embargo, desde mi simple punto de vista hace falta no perder la objetividad y ser activos de alguna forma, parece algo ensimismado ir sólo a expresarte y no esforzarte por hacer un cambio real. Creo que es importante trabajar con personas afines y degraciada o afortunadamente tenemos diferencias. Los cambios ahora son muy paulatinos, pero no podemos quitar el dedo del renglón. Hay muchas cosas que hacer y todas son válidas, podríamos reunirnos para ir a donde hace más falta ir, hay que informar a los que no están informados, déjemos de organizar foros en las escuelas para accionar en los corporativos donde los trabajadores son más explotados y sumisos. Se me ocurre ir a los corporativos e informar a los trabajadores de la próxima Reforma Laboral...Sólo hay que hacer, experimentar y no dejar de soñar... no hay que desesperarnos por que los cambios tal vez no los veamos o no duren mucho pero transformarán en algo está realidad.

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  2. No sé qué tan útil sea "informar" o "concientizar" a alguien de que está siendo explotado y engañado, pues asumo que cualquiera en esa situación lo sabe. Entonces, ¿por qué no es activo política y socialmente? Quizá no le interesa, quizá el miedo lo controla demasiado, quizá falta organización, quizá no tiene opción porque dedica su vida a sobrevivir (garantizarse alimento, vestido, techo, etc). No lo sé y eso me intriga; es decir, ¿por qué las personas no luchan para defenderse si están conscientes de su situación injusta? ¿Será comodidad? ¿Esperan que otros lo hagan por ellos o simplemente no es su prioridad?

    Todo el tiempo pienso en esto y aplico las mismas preguntas a distintos modelos de luchas que conozco (y no son muchos) pero no encuentro un factor o tendencia reveladora para saber qué detona la organización y la decisión de luchar por algo hasta darle forma y convertirlo en un medio para alcanzar los objetivos buscados.

    Me gusta tu entusiasmo y disposición para hacer algo, pues los considero elementos básicos. También estoy de acuerdo en salir a las calles pero yo no iría con los trabajadores explotados (que están conscientes de la explotación que sufren) a decirles lo que ya saben; yo iría más con las "amas de casa" y con los niños; es decir, personas idiotizadas por el discurso gubernamental-partidista-televisivo-educativo y, en vez de informar, organizar especies de foros que propicien la discusión. En otras palabras, ofrecer elementos que lleven a las personas a hacer un ejercicio de reflexión para que solitos concluyan lo que todos sabemos, en vez de ir a decírselos.

    No sé, a estas alturas sólo tengo claro lo que escribí en mi blog (en la entrada que leíste); y la mayoría de esas cosas, más que certezas, son dudas.

    Disculpa la tardanza en la respuesta. Ojalá nos podamos seguir leyendo

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