La tortura de ser uno mismo

La basura que recolectamos a lo largo de nuestra existencia no sirve para nada.  Siempre llega un momento en la vida de las personas (regularmente es demasiado tarde) cuando se manifiesta el shock y el equipaje sólo estorba. Pareciera que el viaje es más sencillo si se va con las manos vacías.

Siempre se llega al punto en el que se está parado frente a un precipicio, donde ya no hay retorno y la única "opción" es saltar. Aquellos que se atreven a darlo se creen mejores que el resto, pero en el fondo todos seguimos dentro del mismo laberinto, pensando que avanzamos hacia la salida, cuando en realidad andamos en círculos. Reproducimos eternamente lo que parece inevitable.

Caminamos creyendo que escogemos deliberadamente lo más conveniente para nosotros, pero no. Esa ilusión es parte del equipaje que cargamos a fin de dar el siguiente paso. Es como estar atrapados, saberlo y aferrarse a pensar lo contrario.

La prisión es mental y no nos damos cuenta que ya están forjados los barrotes de nuestras celdas. Lo único que está en nuestras manos es escoger el material de los mismos. Es una especie de sistema muy sofisticado donde estar de un lado o de otro, en el muro de los barrotes, no hace la diferencia entre estar adentro o afuera. Ahí está el truco. Pensar que se está fuera. Dulce satisfacción. Cruel ilusión.

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