La verdadera lucha

Algo radical va a pasar en el país. Se siente. Es como evidente que algo debe pasar. Hoy en la tarde, por ejemplo, me sentía más confundida que otras veces y decidí ir a caminar en la hora de comida. Desde mi trabajo hasta la plancha del zócalo hay puras tiendas de ropa y, en general, comercios de marcas conocidas. Pero llegando al zócalo de la ciudad de México la realidad es otra. Toda la plancha está tapizada de organizaciones en protesta. Fue estremecedor, para mí, contrastar esas realidades. 

No me lo explico, ¿por qué, si existe la indignación colectiva, no hemos sido capaces de hacer con ello una fortaleza en vez de permitir que siga siendo un obstáculo para construir una red nacional de movimientos, como lo plantea "La Otra Campaña"?

Inmediatamente llegaron a mi mente experiencias y conversaciones de otros grupos que han intentado organizarse para construir algo diferente.  Básicamente, el fracaso común entre esas experiencias y la mía es que NO SE HA PODIDO CONSOLIDAR UNA BASE SOCIAL, UNA FORMACIÓN PARA LAS PERSONAS NUEVAS QUE SE ACERCAN A CUALQUIER ORGANIZACIÓN.

Para mí esto es muy importante, pues ahí está la verdadera victoria, ahí se garantiza la perpetuidad o el fracaso de cualquier proyecto. El verdadero cambio no está en ganar la revolución armada, ni en sacar a los políticos corruptos del gobierno, ni cambiar al sistema político mexicano, ni reformar al Estado. No... al menos no todo el cambio depende de ello. La verdadera revolución estará asegurada si, a partir de la victoria por un país libre y justo, iniciamos la lucha más difícil; es decir, la lucha por concientizar a las futuras generaciones, de formarlos para que, en el futuro, ellos sean capaces de mantener un país justo para todos o construir algo mejor.  Si una lucha, cualquiera, se gana con una sola generación de personas y se descuida a las generaciones futuras, también se va a perder cuando esa misma generación muera o se ocupe en otras cosas.

Ese ha sido el problema en los grupos donde he participado. No se ha hecho trabajo político ni práctico. Pocos son los que asumen responsabilidades y las cumplen. Y cuando esas personas se ausentan de la organización, o le dedican menos tiempo por cuestiones personales, se chinga todo porque los demás no somos capaces de asumir responsabilidades mayores para hacer crecer al grupo. No sé a qué se deba. ¿Inseguridad? ¿Necesitamos líderes? ¿Falta de compromiso? No lo sé, pero me queda claro que, si la organización no crece y los trabajos se encomiendan a las mismas personas de siempre, esa lucha se pierde desde el principio y muere con los integrantes de la misma. 

Se deben seguir sembrando semillas después de haber ganado la primer batalla, pues ése será el inicio de la lucha verdadera.

Esta situación me tiene muy reflexiva y desmotivada. Yo, por ejemplo, no estoy haciendo nada por construir algo. De un tiempo a acá me siento inmóvil y ya no sé qué tan sensato sea hacer cosas pequeñas y cotidianas, por mí y las personas que me rodean, o qué tan pretencioso sea intentar construir algo desde una organización social.  Sé, sin embargo, que debo hacer algo para cuando pase lo que tenga que pasar.

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