La vida, la vida. Siempre me torturo pensando en si tiene algún sentido. Algunas veces pienso, ingenuamente, que la entiendo, pero otras veces, la mayoría para ser exactos, llego a la conclusión de que es una mierda. Sé que no soy la única a quien le pasa esto y ya no sé qué tan importante es saberlo.
Tampoco sé si el problema es la vida en sí misma o yo misma. Aunque suena más lógica y posible la segunda opción.
Como sea, me he dado cuenta que he desperdiciado la mitad de mi vida pensando, reflexionando, analizando y torturándome con esas cuestiones y no he llegado a nada. Sin embargo, muy a pesar de eso, lo seguiré haciendo porque también me he dado cuenta que esto se ha convertido en una especie de sombra, como demonios y, para ser más precisa, como una extensión mía que no podría mutilar a estas alturas. No hay de otra, debo aprender a vivir con esto.
Es muy extraño porque, a sabiendas de que todo es una mierda, me empeño en buscar un motivo, una esperanza, algo que llene aquello de lo que me desprendí y que sólo me ataba. He pensado que la lucha por un mundo mejor, o la construcción de un mundo más habitable para todos, sería la única razón, suficientemente fuerte y poderosa, para lograr el movimiento.
Ha funcionado, no lo niego; sin embargo, a veces pareciera que el único modo de sobrevivir en este mundo es siendo egoísta y pisoteando a los demás. Tomando, en vez de ir dando a nuestro paso. Es como si no hubiera opciones ni posibilidades de otro actuar. Por más que intento convencerme de lo contrario, pareciera que sólo me empeño en engañarme, para evitar el mal sabor de boca. No sé. Antes parecía que todo era soberbiamente claro, pero la realidad es otra. Confusión. Inmovilidad.
Mmh, ¡qué absurda e inconsecuente puedo llegar a ser cuando critico a los demás por creer en algo y yo hacer lo mismo que ellos! El "qué" no justifica nada y tampoco hace la diferencia. Es el modo en el que nos ayudamos a sobrevivir; es decir, agarrarnos de algo-alguien para darle una razón a nuestra estancia.
Seguramente nada vale la pena. Nada. Somos nosotros quienes nos empeñamos en darle la importancia y el valor a las cosas. Eso de tener sentimientos y ser razonables, no sé en qué sentido es una ventaja si gracias a esas características nos hacemos la vida más miserable. Tan fácil que sería comer, dormir y reproducirse. Quizá la vida tendría más sentido entonces.
Ay, he escrito tantas veces sobre la misma mierda que... ¡Ash!... siempre me quedo con la sensación de pensamientos incompletos que deben ser concretados.
Seguiré... ¿seguiré?
Tampoco sé si el problema es la vida en sí misma o yo misma. Aunque suena más lógica y posible la segunda opción.
Como sea, me he dado cuenta que he desperdiciado la mitad de mi vida pensando, reflexionando, analizando y torturándome con esas cuestiones y no he llegado a nada. Sin embargo, muy a pesar de eso, lo seguiré haciendo porque también me he dado cuenta que esto se ha convertido en una especie de sombra, como demonios y, para ser más precisa, como una extensión mía que no podría mutilar a estas alturas. No hay de otra, debo aprender a vivir con esto.
Es muy extraño porque, a sabiendas de que todo es una mierda, me empeño en buscar un motivo, una esperanza, algo que llene aquello de lo que me desprendí y que sólo me ataba. He pensado que la lucha por un mundo mejor, o la construcción de un mundo más habitable para todos, sería la única razón, suficientemente fuerte y poderosa, para lograr el movimiento.
Ha funcionado, no lo niego; sin embargo, a veces pareciera que el único modo de sobrevivir en este mundo es siendo egoísta y pisoteando a los demás. Tomando, en vez de ir dando a nuestro paso. Es como si no hubiera opciones ni posibilidades de otro actuar. Por más que intento convencerme de lo contrario, pareciera que sólo me empeño en engañarme, para evitar el mal sabor de boca. No sé. Antes parecía que todo era soberbiamente claro, pero la realidad es otra. Confusión. Inmovilidad.
Mmh, ¡qué absurda e inconsecuente puedo llegar a ser cuando critico a los demás por creer en algo y yo hacer lo mismo que ellos! El "qué" no justifica nada y tampoco hace la diferencia. Es el modo en el que nos ayudamos a sobrevivir; es decir, agarrarnos de algo-alguien para darle una razón a nuestra estancia.
Seguramente nada vale la pena. Nada. Somos nosotros quienes nos empeñamos en darle la importancia y el valor a las cosas. Eso de tener sentimientos y ser razonables, no sé en qué sentido es una ventaja si gracias a esas características nos hacemos la vida más miserable. Tan fácil que sería comer, dormir y reproducirse. Quizá la vida tendría más sentido entonces.
Ay, he escrito tantas veces sobre la misma mierda que... ¡Ash!... siempre me quedo con la sensación de pensamientos incompletos que deben ser concretados.
Seguiré... ¿seguiré?
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