Si mal no recuerdo, ésta es la segunda ocasión en la que Carmen Aristegui es víctima de la censura. La anterior fue en 2008, cuando salió de W Radio por “incompatibilidad editorial”.
Si bien es cierto que Carmen Aristegui es una de las pocas periodistas mexicanas a las que respeto por su compromiso con el quehacer periodístico, también es cierto que México es un país maquilador y adorador de mártires, cosa que los oportunistas saben aprovechar muy bien.
Además del compromiso y valentía de Carmen, muchos destacarían su condición de “ser mujer” para dramatizar la censura y la inexistente libertad de expresión que se respira en este país. Sin embargo, ella no es la única víctima en este tipo de violaciones y, pese a eso, toda la gente oportunista, en una actitud de comodidad y siguiendo a la masa, decidieron que ese acontecimiento, en comparación de otros más cínicos y violentos, les causaba mucha indignación y lo están manifestando.
Yo me pregunto, ¿qué hicieron todas esas personas cuando se asesinaron a otros periodistas que, no está de más mencionar, además de pagar con su vida, no son tan conocidos como Carmen Aristegui, pero sí igual de comprometidos que ella en su trabajo?
Me parece bastante cómodo-oportunista-deshonesto que alguien cambie la foto de perfil del facebook por una de Carmen, o se manifieste a las afueras de las instalaciones de MVS para mostrar su “molestia” con el asunto, a sabiendas que en todo el país hay muchos periodistas bajo amenazas de muerte, o son víctimas de agresiones, desaparecidos e incluso asesinados y, aún así, no haya registros de indignación al respecto, por parte de la sociedad civil.
Lo único que me queda claro es que todas estas manifestaciones de “inconformidad” serán tan efímeras como lo fueron las muestras de solidaridad con la misma periodista en 2008. Y, sobre todo, que las agresiones contra la libertad de expresión seguirán existiendo en todas sus formas y matices.
Esta situación me molesta más que la censura cometida contra Carmen Aristegui. Me molesta el oportunismo de las personas, que se dicen indignadas porque corren a alguien pero no hacen nada cuando en otros estados del país están matando a más periodistas. Ni siquiera voltean a ver esos casos, los cuáles pasan como un asesinato más. ¿No que mucho interés por la libertad de expresión? ¿Dónde queda la indignación en esos casos?
Me molesta que todos se dejen llevar por la masa y no sean conscientes de la inconsecuencia de sus actos. Me molesta la indignación hipócrita y deshonesta de personajes políticos, quienes son, al mismo tiempo, cómplices de la censura y los crímenes mortales contra los periodistas. Me molesta pensar que soy de esas personas.
Hay cosas más indignantes en este país, como la pobreza, la inseguridad, la injusticia, la impunidad, el cinismo político y económico, pero ¿por qué no es lo suficientemente indignante? Mejor dicho, ¿qué es indignante? Bueno, ese es otro tema.
Volviendo al tema de Carmen, también me molesta tener que escribir de esto, pues es darle importancia a un hecho que, aunque indignante, no es nuevo y mucho menos único. Me siento como si estuviera opinando sobre los comentarios en el programa Top gear; es decir, siguiendo el juego de una agenda mediática con toda la intención de ser absurda y evitando los temas más importantes del país.
En pocas palabras, sólo deseo exponer mi molestia frente al oportunismo e inconsecuencia de algunas personas frente a un hecho que innegablemente es indignante; sin embargo, las protestas efímeras no van a disminuir las denuncias publicadas por Reporteros sin fronteras, referentes a las agresiones contra periodistas del mundo. Sobre todo si dichas manifestaciones no son producto de la conciencia individual, sino de una masa.
Esta situación, así como muchas otras indignantes en el país, está tan corrompida y mezclada con las mierda que a veces dudo que se pueda salvar. Se necesita cambiar cada pieza de este monstruo. Reprogramarla. Una reconstrucción de fondo. Y no sé cuántos están dispuestos a chingarle de verdad para lograrlo. Ese es el pedo.
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